Esto no es para vos

La historia de Ruth Bravo quien tuvo que superar el machismo para poder llegar a ser jugadora de fútbol y cumplir su sueño de representar a Boca y la selección.

“Esto no es para vos”, le decían a Linda Ruth Bravo Sarmiento, más conocida como Chule, cuando jugaba de pequeña al fútbol con varones. La salteña, esa que ahora tiene 28 años, logró disputar el Mundial de Francia 2019 y consiguió algo que pocas consiguieron: jugar en Europa, más precisamente en España, en Rayo Vallecano.

La Chule, apodo que le puso su abuela, de niña soñaba jugar al fútbol y usar la camiseta de la selección argentina, aunque Oscar, su padre -militar retirado y chofer de taxis-, quiso que fuera modelo o bailarina, e hizo que bailara folclore y tango por siete años. Y ella lo siguió porque hacer danza le daba menos vergüenza que decir que era futbolista, ya que luego de eso venían los comentarios como: “Sos una machona”, “Anda a jugar a las muñecas” y “Esto no es para vos”.

Su mamá, Liliana, fue quien la apoyó en su ilusión desde chica y la llevaba a que jugara con los amigos de uno de sus hermanos, Pablo. Bravo es la cuarta de cinco hijos, y fue en la plaza, como muchos y muchas, que encontró en la pelota una compañía. Para su madre era un sueño tener una hija que fuera futbolista, igual que ella cuando era chica y jugaba por hobby.

“Si los chicos empezaban a jugar sin ella, iba y les pinchaba la pelota para que no pudieran usarla”

Cuenta Verónica sobre su hermana Ruth.

La ayudó comprándole zapatillas, a costa de su marido, e inventaba excusas por la cantidad de dinero que había gastado con la tarjeta de crédito, pero había veces en las que no le alcanzaba para pagarla, por lo que Bravo tenía que jugar descalza porque solo tenía un par. A su pasión no la paró nadie, hasta llegó a entrenar con cabezas de sus muñecas, utilizándolas como si fueran pelotas.

“Cuando era chica, como no podían pararla para que dejara de jugar al fútbol, mi hermano le dijo que iban a cambiar de juego, entonces la ataron a un árbol para que no se metiera en el partido”, cuenta su hermana Verónica. “Además, si los chicos empezaban a jugar sin ella, iba y les pinchaba la pelota para que no pudieran usarla”, agrega.

Cuando tenía ocho años, por el trabajo de su padre, se tuvo que mudar a Magdalena, provincia de Buenos Aires, pero a esa niña rubia y de ojos claros, eso no la detuvo. Mientras hizo la escuela pública, se entrenó en el Centro Recreativo Integral de Magdalena (CRIM) y en la Asociación Magdalenense de Fútbol Amateur de los Barrios para los Torneos Juveniles Bonaerenses, en un equipo integrado por mujeres.

Su carrera empezó a los 15 años en Estudiantes de La Plata. A partir del buen nivel que demostró en el Pincha, logró ser convocada para el Mundial sub-20 que se disputó en Japón en 2012. Allí ocurrió uno de los peores momentos de su carrera, cuando a falta de tres días para viajar, tuvo una rotura de ligamentos de la rodilla izquierda que la dejó afuera de las canchas por dos años. En ese lapso consiguió trabajo en una panadería para pagarse la recuperación porque, supuestamente, Estudiantes no tenía los recursos. Además borró todas sus redes sociales por la frustración.

En 2015 fichó para al club de sus amores, Boca. Jugó tres temporadas y media, en las que fue tres veces subcampeona. Cuando emigró del Xeneize escribió en su cuenta de Instagram: “Esto es un hasta pronto, sin dudas volveré a mi lugar en el mundo”. Igual, a la distancia, sigue alentando al equipo y mira todos los partidos.

“Esto es un hasta pronto, sin dudas volveré a mi lugar en el mundo”

Luego de haberse ido de Boca, club del que es hincha.

Después de Boca, en 2018 se le abrieron nuevos caminos en la Segunda División española. Fue en CD Tacón, equipo con el que pudo ascender rápidamente a Primera.

En 2019 llegó el Mundial. El sueño de Bravo se cumplió cuando jugó en Francia, pero no solo por eso. Más allá que el seleccionado no pasó la fase de grupos, logró algo histórico que fue conseguir su primer punto en una Copa del Mundo. Tamaña hazaña, acompañada por su buen nivel, hizo que la mediocampista llegara a Rayo Vallecano.

 “Tiene una calidad tremenda que pocas jugadoras tienen, habla mucho dentro de la cancha”, expresa Jessica Martínez, ex compañera de Bravo en CD Tacón. Y añade: “Jugar en la selección es su sueño, le emociona defender a su país y más en un Mundial. Es un orgullo para ella”.

También 2019 tuvo su lado negativo. El director técnico de la selección, Carlos Borrello, no la convocó junto a otras jugadoras (Estefanía Banini y Belén Potassa, entre otras) que fueron figura en el Mundial para disputar las competencias que quedaban, entre ellas los Juegos Panamericanos de Lima. El entrenador se excusó con que quería rotar el equipo.

“No deseábamos más escuchar previo a un partido cosas tales como: ‘Nos defendemos porque no me quiero comer 11 de nuevo’”

Ruth Bravo

“En lo personal creo que cada persona cumple un ciclo y no deseábamos más escuchar previo a un partido cosas tales como: ‘Nos defendemos porque no me quiero comer 11 de nuevo’. Ejemplos como ese sobran. Con la frente en alto y tranquila, seguiré trabajando para volver a tener mi lugar sabiendo que no hice más que ser una de las voces de las 23”, escribió el 15 de julio de 2019 en su cuenta de Instagram al enterarse de la noticia.

“Yo nunca renuncié a la selección y nunca voy a renunciar”, explicó Bravo en una entrevista en YouTube para el canal Estrategas de Fútbol Femenino. Su mayor pasión se ve apagada por este entrenador, pero eso no le permite bajar los brazos porque ya se encuentra entrenando para los próximos desafíos.

Garra, viveza y perseverancia, tres palabras que la describen a la perfección. Ella, junto con sus compañeras, marcó un antes y un después en el fútbol femenino en Argentina, siendo un ejemplo para millones de chicas que quieren dedicarse al fútbol, las mismas que, como ella, siguen escuchando: “Esto no es para vos”.

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