Florencia Salazar: sobreponerse ante la adversidad

La defensora central de San Lorenzo sabe lo que es hacerle frente a la vida. De sentirse abandonada por el club de sus amores en el momento más duro de su carrera, a firmar un contrato profesional dos años después.

La futbolista llegó al Ciclón en 2018, equipo en el que mostró su mejor versión, tanto adentro como afuera de la cancha. (Fuente: Instagram @Florencia_Salazar_)

Los 28 grados centígrados de temperatura se hacen sentir en la Ciudad Deportiva de San Lorenzo, situada a un costado del Nuevo Gasómetro. Faltan un poco más de 40 minutos para las 14, hora pactada para el encuentro con Florencia Salazar, jugadora del azulgrana. Pero, como buena defensora central que es, se anticipa por WhatsApp de la misma manera que lo hace en la cancha cada fin de semana.

13.20. “Hola, ¿cómo estás? Ya terminé los trámites. Estoy en Avenida La Plata. Ahí voy para allá”, avisa.

Cerca de la cancha 2 del predio, en uno de los trayectos que une la pensión del club con los campos de juego principales, la jugadora de 26 años, inconfundible por sus tatuajes en el brazo derecho, se sienta en el cordón del camino y habla de toda su carrera. De momentos buenos y otros no tanto. Del amor a su abuela, de la actualidad del fútbol femenino y de una lesión que la hizo pensar en abandonar todo.

Florencia Salazar comienza pidiendo disculpas con una sonrisa: “Perdón si me trabo, todavía no estoy acostumbrada a esto”.

– ¿Es verdad que te expulsaron en el primer partido que jugaste?

– Sí, tenía 10 años más o menos. Mi papá jugaba en una liga cerca de mi casa, en Merlo, y como condición del torneo, cada integrante debía llevar a un hijo. Nosotras somos tres hermanas y yo soy la menor. Me pusieron la ropa, me mandaron a jugar y la verdad es que no entendía nada. Me acuerdo que tenía dos colitas en el pelo. Estaba llevando la pelota y un chico me venía agarrando de una de ellas. Frené, di media vuelta y le pegué una piña. Así empecé.

– ¿En dónde comenzaste a jugar con más frecuencia?

– En La Blanquita. Era un club de barrio que tenía como técnica a una amiga de mi papá. Ella estaba formando un equipo para llevarlo a jugar a Mar del Plata, a los Juegos Bonaerenses. Ahí entrené y competí por primera vez.

– ¿Cómo llegaste a River?

– Un vecino del barrio nos invitó a una prueba de jugadoras que hacía River. Fuimos ocho amigas y quedamos dos: Eliana Stábile, actual jugadora de Boca e integrante de la selección argentina, y yo. Es un buen recuerdo a medias porque jugamos contra la Primera femenina y perdimos por goleada, pero después nos llamaron para decirnos que teníamos que presentarnos para entrenar en la Reserva. Con mi familia estábamos muy felices y yo sentía un orgullo muy grande ya que, además, soy hincha fanática del club.

– ¿Lo habías soñado alguna vez?

– Sabes que sí, lo soñé. Es muy raro, pero fue en mi primera peregrinación a Luján. Fui con mi hermana y mi primo, y recuerdo que les pregunté para qué hacíamos eso. Ellos me dijeron que era una forma de creer y de pedir por aquello que tanto deseas. Yo en lo único que pensé fue en que quería jugar en River y se terminó dando. Todo muy loco.

– ¿Cómo caracterizas tu juego?

– Antes era más aguerrida y hoy en día cambié mucho mi forma de jugar. Trato de salir por abajo, de servirle de apoyo a mis compañeras, de mostrarme. Me hicieron cambiar bastante. Ya no voy al piso a romper porque sí, por ejemplo. Eso lo aprendí en River. Ahí tuve un técnico que me enseñó mucho, tenía mucha paciencia con nosotras.

– En una entrevista contaste que el año más duro que te tocó vivir fue cuando sufriste la rotura de ligamentos. ¿Cómo fue ese momento?

– Fue hace dos años más o menos, en un amistoso con una categoría de las inferiores de River, no recuerdo si era Sexta o Séptima División. Durante el partido tenía que marcar a un chico que en fuerza y velocidad me ganaba. Lo volví loco, de alguna manera debía rebuscármela para que no me pasara. En una jugada que intento salir desde el fondo, lo gambeteo, y se ve que se acordó de que lo enloquecí todo el partido porque se me tiró de atrás y eso provocó que se me trabara la rodilla, todavía me acuerdo del ruido que hizo.

– ¿Y cómo viviste los días posteriores?

– Fueron días muy feos, es la peor lesión que le puede pasar a un jugador. Incluso, sin hacerme los estudios, sabía que algo malo me había ocurrido. Fueron semanas muy duras, en las que mi familia y amigos se tuvieron que bancar mi malhumor y mi tristeza. En ese momento hablé mucho con Mercedes Pereyra, jugadora de River, y recuerdo que me decía que trate de estar tranquila. Por ahí cuesta entenderlo, pero en ese momento los más cercanos quieren apoyarte y lo único que querés es estar solo. Fue todo muy difícil.

– En una entrevista afirmaste: “Di tanto por el club (River), muchas horas de mi vida, y en la primera lesión me dejaron en banda”. ¿Lo sentiste realmente así?

– Sí, la verdad que sí. En ese momento no había ninguna profesionalización, no había nada. Estábamos totalmente a la deriva. Era algo como: “Si a vos te gusta esto lo haces, nadie te está obligando a nada”. Creo que, por ser un club grande, debían haber buscado alguna otra salida. El club no nos daba nada, no teníamos obra social. Se podía haber buscado otra solución a lo que me pasó. Creo que fue lo que menos hicieron y sentí que me abandonaron por completo.

– También mencionaste que el retorno de la lesión fue muy difícil. ¿Pensaste en largar todo en algún momento?

– Aunque hice toda la rehabilitación en River, ya no sentía las mismas ganas de ir a entrenar. Ni siquiera de seguir jugando. Te juro que, desde los 15 años que arranqué en el club, decía: “Me quedo acá y me muero acá”. Quería jugar toda mi vida ahí, quería retirarme en River. Pero me pasó lo de la lesión y fue todo un quilombo. Ahí dije: “Ya está. Me voy a dedicar a trabajar, a tener una vida normal y, a lo sumo, jugar a la pelota entre amigos”.

– ¿Qué cambio generó en tu vida San Lorenzo?

– En San Lorenzo me recibieron muy bien y me sentí muy cómoda desde la primera práctica. El entrenador me dio toda la confianza y en el segundo partido, que fue contra Boca, ya estaba jugando. Fue un cambio de chip enorme para mí. Luego firmamos nuestros primeros contratos y sentí que todo el esfuerzo que había hecho estaba tomando buen rumbo. Me sorprendió bastante que yo sea una de las 15 futbolistas que firmaron porque era nueva, creí que le podía tocar a las que llevaban más años en el club. Por eso estoy super agradecida a la dirigencia y al cuerpo técnico que confiaron en mí desde el primer momento.

– ¿Cómo viven la situación de entrenar a la par de compañeras que todavía no firmaron un contrato profesional?

– La verdad, es muy difícil. Una de mis mejores compañeras del plantel no tiene contrato, y ojalá en un futuro no tan lejano lo pueda tener. Siempre le pregunto si necesita algo. Sin embargo, trato de no hablar mucho de cuando cobro y todas esas cosas porque es algo muy incómodo. Y más para mí, que llegué al club el año pasado. Acá, en San Lorenzo, siempre estamos a disposición de alguna compañera que pueda necesitar algo por más que reciban un viático mínimo para que, al menos, se puedan pagar los viajes a entrenar. Pero todo es muy incómodo para nosotras.

– ¿Qué crees que hace falta para que el fútbol femenino siga creciendo?

– Hoy estamos en un fútbol semiprofesional que parece tener algunas trabas desde la difusión. Al principio iban a ser ocho partidos, después cambiaron a cuatro y ahora pasaron a tres, o el fin de semana pasado, por ejemplo, transmitieron dos nada más. La difusión es muy importante para nosotras. Para que la gente lo vea, para que saquen de sus cabezas que el fútbol femenino es aburrido. Acá hay mucha competencia. Todas las jugadoras se matan entrenando para que el campeonato sea cada vez más duro. Y esto que pasó con TNT Sports, al que la AFA le cedió los derechos y les prohibió transmitir a los medios que, vía streaming o YouTube, siempre estuvieron con nosotras, cayó muy mal. Me pasó de querer ver el clásico de La Plata y, por el horario en el que se jugó -Gimnasia recibió en El Bosque a Estudiantes el lunes a las 15-, tuve que andar a las corridas para llegar a mi casa y retroceder la programación. Molesta, pero ya no es algo que nos sorprenda a nosotras. Quizás, sí para el entorno familiar o para el que se empieza a enganchar de a poco. Cuando te preguntan el día y el horario en que jugás y les contás, te responden: “¿Cómo día de semana? Yo te quería ver jugar”. La verdad es medio contradictorio todo lo que está sucediendo.

– Por el Día de la Mujer, San Lorenzo decidió que el partido frente a Huracán del torneo pasado, se juegue como preliminar del equipo masculino de Primera. ¿Cómo fue jugar en el Nuevo Gasómetro?

– Cuando nos contaron que íbamos a jugar ahí, no lo podía creer y la noche anterior prácticamente no dormí. Fue un momento muy emocionante desde que hicimos el calentamiento previo a un costado de la cancha. Después, mientras estaba jugando, escuchaba como la gente alentaba y era muy emocionante. Además, justo frente a Huracán y encima pude hacer un gol, fue increíble. Lo que hace la dirigencia de San Lorenzo por nosotras es muy lindo. No es fácil abrir un estadio para el fútbol femenino porque sabemos que, quizás, aún no llevamos mucha gente. Pero la dirigencia hizo todo lo posible para que jugáramos ahí.

– Siempre recordás mucho a tu abuela. ¿Qué rol cumplió en tu vida?

– Mi abuela fue mi mamá. Mi mamá falleció cuando yo tenía un año y ella fue quien me crio. Hablar de mi abuela me genera un nudo en la garganta. Fue y es todo en mi vida. Cuando llegaba de entrenar se sentaba y me preguntaba cómo me había ido, qué había hecho. No entendía nada, pero así y todo se tomaba el tiempo de preguntarme todo para que yo le cuente. Ella fue la que estuvo en el peor momento futbolístico de mi vida, fue la que me dio la plata para pagarme gran parte de la operación de la rodilla. La verdad es que la extraño muchísimo. Siempre que entro a la cancha me acuerdo de ella. Cada triunfo y cada esfuerzo que haga, tanto adentro como afuera de la cancha, va a ser para mi abuela. Ojalá pueda convertir otro gol para dedicárselo.

– Si pudieras sentarte a charlar con aquella Florencia Salazar que quería abandonar todo luego de la lesión, ¿qué le dirías?

– Que trate bien a las personas que estuvieron con ella en ese momento. Que no tenga miedo. Porque cuando me curé de la lesión tenía mucho miedo de no ser la jugadora que había sido antes. Muchos me propusieron ir a jugar al exterior y siempre dije que no. Hoy me arrepiento mucho. Dije que no porque sentía que no iba a ser la misma jugadora. Y ahora que estoy acá, en San Lorenzo, siento que me superé y siempre sigo intentando mejorar día a día en cada entrenamiento. Le diría eso más que cualquier otra cosa. Que no tenga miedo a lo que venga. Me hubiese gustado animarme un poco más. Me hubiese gustado confiar más en mí y en mi juego, eso fue lo que más me costó. Venir a San Lorenzo me cambió en todo para bien. Mis ganas, mi estado de ánimo y mi actitud cambiaron totalmente. Estoy feliz de estar acá.

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