Unidas jamás serán vencidas

Desde su lugar, el colectivo Pibas con Pelotas está en la búsqueda constante de derechos para las futbolistas, visibilizando la participación de las mujeres en el fútbol y conteniendo a aquellas que siguen reclamando por sus derechos.

Florencia Pereiro en su oficina en las intalaciones de Sportivo Barracas.

Por Federico Bajo y Carolina Jurczyszyn

Nieta de José Antonio Pereiro, presidente de Almagro en 1992-1993 y 2002-2003, e hija de José Tito Pereiro, jugador de River en 1973-1974, Florencia Pereiro tuvo contacto con el fútbol desde chica. Empezó a jugar en cancha de once con sus hermanos en el Club Biblioteca de Lanús, pero cuando conoció el futsal no lo dejó más. Comenzó a practicarlo en Boca, luego estuvo un año en el Presi de Italia y volvió al Xeneize con el que se consagró campeona de Primera División. Además, en 2014 disputó la Copa Libertadores femenina de futsal con el conjunto de La Ribera. Sin embargo, aquel año significó su salida de la institución: “Nos peleamos con los dirigentes por pedir cosas que nos correspondían, como ropa de nuestro talle para jugar, que el club se hiciera cargo en la recuperación de las lesiones de compañeras, y tener un lugar para entrenar que no sea el estacionamiento en el que teníamos que tener cuidado de no pegarle a los autos. Fuimos a plantear eso y los dirigentes, que son los mismos que están hoy, directamente sacaron la actividad. Para mí fue terrible, creí que no iba a jugar más en ningún lado. Pero trajimos el proyecto a Sportivo y estoy acá de vuelta”, explica Pereiro, quien actualmente se desempeña como coordinadora del futsal del club Sportivo Barracas.

Fue a raíz de aquella experiencia en Boca que Pereiro comenzó a pensar en armar un colectivo de jugadoras de fútbol para organizarse y reclamar por los derechos que aún no les reconocen. Así surgió Pibas con Pelotas. “A principio de año me junté con unas compañeras y decidimos agruparnos las jugadoras de todas las disciplinas futbolísticas, no solo futsal, porque siempre peleamos por separado y la lucha es la misma: para que tengamos un espacio digno para entrenar, la vestimenta adecuada, un cuerpo médico y, en el caso de fútbol once, contratos para todas. Es importante recalcar que la lucha es colectiva”, analiza la jugadora que esta temporada se mantuvo alejada de las canchas debido a que se convirtió en madre de Camilo, el año pasado.

“A principio de año me junté con unas compañeras y decidimos agruparnos las jugadoras de todas las disciplinas futbolísticas”
 

– ¿Por qué eligieron Pibas con Pelotas como nombre?

– Lo elegimos porque, si bien parece raro y abre el interrogante de por qué con pelotas, queremos demostrar de alguna manera que nosotras tenemos la pelota ahora y buscamos que nos escuchen para poder salir a denunciar un montón de situaciones horribles que viven las pibas aún hoy en 2019, con situaciones de abuso de las que todo el mundo hace oídos sordos. Un poco surgió de ahí el nombre, es un juego de palabras.

– ¿Cómo describirías ese fútbol femenino al que apuntan construir?

– Primero que sea todo lo contrario al masculino, justamente por la violencia que genera. Yo estuve en La Bombonera cuando jugó Boca ante River y los insultos eran tremendos. Estoy segura que los que agredían era gente del masculino, porque la que va a ver fútbol femenino no tiene ese rechazo, esa bronca y necesidad de insultar. La realidad también es que nosotras somos la mayoría amigas. Obviamente que hay algunas con las que no coincidís en algunas situaciones, que es lógico porque la vida es así, pero varias nos conocemos. Yo cuando jugaba enfrentaba a pibas que son mis amigas e iban a comer a mi casa. Entiendo que en el masculino no pasa porque son más equipos, es más amplio y no son todos amigos. El fútbol femenino es mucho más amistoso, lo que no quita que sea competitivo y que a la hora de jugar lo hagamos de la mejor manera. Sin violencia, que es lo más importante.

– En los últimos años lograron derribar varias barreras. Aunque falten muchas más, ¿pensás que van por buen camino?

– Creo que sí, pero me parece que falta un montón y que es muy importante que no nos quedemos estancadas en esto, ¿no? Por ejemplo, todo el mundo piensa que el fútbol femenino es profesional, y no lo es. No te hace profesional cobrar 20 mil pesos y menos si son solamente ocho jugadoras, salvo en algunos planteles. Profesional te vuelve sentirte deportista, entrenar en un lugar en el que te cuiden, tener respaldo, un cuerpo médico si te lastimás. Entonces siento un poco que lo de los ocho contratos es: “Tomen, cállense”. Y no es el momento de callarnos, al contrario, es hora de que nos escuchen, de alzar la voz muchísimo más. Sí se derribaron un montón de barreras, pero falta muchísimo. El otro día se jugó el superclásico, que está bien, es un avance que televisen los partidos, pero me hace ruido que se jugara un martes a las 15. Nadie mira un partido a esa hora porque todos trabajan, estudian o hacen otra cosa. Entonces sí, se lograron muchas cosas, pero falta más y es el momento de no parar.

– ¿Han recibido respuestas de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) a sus exigencias?

Nunca se comunicaron con nosotras y saben lo que está pasando. Yo hace mucho tiempo que estoy en el fútbol, me conocen, de hecho participé de la Comisión de Futsal de AFA hace dos años. Saben lo que estamos haciendo, pero nadie se acercó a plantearnos nada. Armamos una carta, que todavía no la presentamos, exigiendo a la AFA que nos dé respuesta ante lo que pedimos. ¿Qué pasa con entrenadores que han abusado de pibas y siguen en sus cargos? ¿Qué pasa con los partidos oficiales que terminan a altas horas de la noche un día de semana, cuando al otro día nosotras laburamos? Nadie piensa en eso. Hay cosas que aún están mal hechas y hay gran desinformación.

“Los horarios en los que se juegan los partidos que televisan son muy complicados. Por ende, ¿hasta qué punto quieren que el fútbol femenino tenga difusión?”

– ¿Cómo imaginás el futuro del deporte femenino?

– Nos escribieron muchas chicas de otros deportes (básquet y vóley) y ahí uno ve otras realidades que, al estar en otro deporte, no llega a apreciar. Se está generando algo distinto a lo que pasaba cuando nosotras éramos chicas. Pero está relacionado a la lucha social que están realizando las mujeres. No es momento de callarnos por eso, por el resto de los deportes, de las disciplinas y por las compañeras que no tienen contrato. Depende de que nos hagamos oír.

– ¿Cómo es combinar tu rol de madre con el fútbol?

– Muy difícil. Camilo recién tiene un año y todavía no pude volver a jugar al futsal. Hay que entrenar tres o cuatro veces por semana y no puedo dejarlo solo. Muchas futbolistas son madres y ningún club tiene un espacio de guardería para cuidar a los nenes, que es algo que también exigimos desde Pibas con Pelotas.

¿Qué opinás del abordaje que realizan los medios tradicionales en torno al fútbol femenino?

– Creo que muestran lo más conocido y detrás hay mucho más.  También los horarios en los que se juegan los encuentros televisados son muy complicados. Por ende, ¿hasta qué punto quieren que el fútbol femenino tenga difusión? Esto está acompañado de la desinformación que existe. Los que mejor trabajan son los autogestivos porque son los que van a los lugares a averiguar y conocer.

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