Yamila Gopfrich, una vida atravesada por el fútbol

Desde chica quería jugar a la pelota, pero recién a los 22 años se enteró que podía hacerlo en un club. Sin embargo, una lesión y la necesidad de trabajar terminaron con su carrera.

Yamila Gopfrich conduce el balón con su pierna izquierda.

Yamila Gopfrich llega a uno de los tantos bares que hay en el barrio porteño de Palermo, le compra un paquete de pañuelos descartables a una niña que anda vendiendo en la calle y se sienta predispuesta a contar su historia.

Hace cinco años que no juega al fútbol para un club. Antes se desempeñó en futsal durante un par de años en uno de los clubes más importantes del país, pero una rotura del ligamento anterior de la pierna izquierda hizo que se replantease su vida deportiva. “Cuando recién entraba a la cancha me hacen una infracción, no cobran nada y es gol de nuestras rivales. Yo tuve que salir y la lesión no queda asentada en la planilla, se ve que los delegados no hicieron las cosas bien”, rememora.

A partir de aquel momento, Gopfrich comenzó a vivir una odisea. “Primero, desde el club me dijeron que me haga socia, luego me mandaron a ver a un médico que en teoría era traumatólogo y cirujano. Empecé a ver todo el tema de la operación con él y alguien del Cuerpo Técnico le dice a una compañera que vea otro médico porque ese no era cirujano. Ahí dije: ‘Ya fue, hago todo por obra social’”, explica.

 

“Desde el club me mandaron a ver a un médico que en teoría era traumatólogo y cirujano hasta que alguien del Cuerpo Técnico le dice a una compañera que vea a otro doctor porque ese no era cirujano”

Ahora con el paso del tiempo, Yamila entiende que las injusticias que vivía eran usuales en las disciplinas femeninas. En la actualidad, pese a que varias siguen ocurriendo, la visibilidad que logró el fútbol femenino y el reclamo colectivo de las jugadoras hace que en algunos casos las soluciones lleguen más rápido: “Esto fue en 2013, ahora estamos todas más despiertas en ese tiempo lo aceptábamos. Hoy en día se hubiera enterado todo el mundo”, asegura.

Su obra social le cubrió los gastos de la operación; sin embargo, los tornillos no, y sus compañeras la ayudaron a comprarlos mediante los viáticos que, cada tanto, recibían del club.

Gopfrich sí pudo realizar la rehabilitación con los kinesiólogos y el preparador físico de la institución de la que formaba parte. Aunque luego de eso dejó la actividad: “No quise seguir jugando porque mi laburo era físico (era guardavidas) y tenía miedo a lesionarme. Jugué en Sportivo Barracas un tiempo -manifiesta- que fue un proyecto que armaron las chicas del equipo anterior cuando se disolvió el futsal y ahí estuve poco tiempo hasta que entraron en AFA”.

“Esto fue en 2013, ahora estamos todas más despiertas en ese tiempo lo aceptábamos. Hoy en día se hubiera enterado todo el mundo”

Aún extraña el fútbol, se le dibuja una sonrisa mientras cuenta que hace poco se probó en Comunicaciones, equipo que milita en la Primera B, pero ya no está para eso: “Ahora me dieron ganas de volver a jugar. Este año cumplo 30, pero la rutina del club me mata. Para ir a entrenar después de laburar todo el día hay que tener muchas ganas”, afirma.

A pesar de que su época como deportista quedó atrás, Gopfrich celebra la nueva era que está atravesando el fútbol femenino en el mundo y en la Argentina: “Cuando era chica en ningún lado había fútbol femenino. Mis viejos preferían que juegue al tenis, al básquet, pero fútbol nunca. Lo empecé a hacer cuando fui más grande, recién a los 22 me enteré que había clubes y pibas que jugaban. Ahora, por suerte, es todo diferente, muchas chicas tienen la posibilidad de ir a jugar a la pelota en mi época eso no pasaba”, concluye.

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