De Chile hasta Argentina con goles bajo el brazo

La historia de Camila Pavez, la primera jugadora trasandina en ser transferida al fútbol argentino, quien cuenta el inicio de su carrera y además explica cómo viven sus familiares la crisis que atraviesa su país.

Fuente: @caaami_pv (Instagram)

Camila Pavez no tiene miedo de arriesgarse para seguir creciendo en el fútbol.

El 2 de julio arribó al país para ser refuerzo de River antes del comienzo de la nueva temporada y se convirtió en la primera jugadora chilena en ser transferida al fútbol argentino.

Con 19 años, la delantera decidió cruzar la cordillera para empezar una nueva etapa y firmar un contrato profesional con El Millonario. No lo dudó ni un segundo, su confianza en sí misma la hacía creer que podía adaptarse sin problemas, y no pensaba desaprovechar la oportunidad de jugar en el club que amaba a la distancia. “Mi mamá tenía un poco de miedo de que viniera, pero sabía que estaba cumpliendo mi sueño y cuando habló con el profe, Daniel Reyes, él le dijo que no había nada de qué temer”, le cuenta Pavez a Tiempos de Red.

A los 14 años se escapaba del colegio para ir a Club Cobresal, en el que la esperaban hasta último momento para ir a jugar por todo Chile

Poco tiempo después de su llegada, la joven ya se sentía como en casa. En la pretemporada logró marcar siete goles en nueve partidos disputados. Sin embargo, le resulta difícil estar lejos de su familia. Es la mayor de cinco hermanos, quienes, junto a sus padres, le envían fotos, la llaman y alientan a la distancia.

Pero la delantera está acostumbrada a arriesgarse y darlo todo por el fútbol. A los 14 años se escapaba del colegio para ir a Club Cobresal, en el que la esperaban hasta último momento para ir a jugar por todo Chile. “Si llegaba un poco tarde, y ya se habían ido, me iba a dedo. Me paraba en la ruta y esperaba a que cualquier conductor me dejara subir en su auto”, asegura, entre risas.

Su pasión por el deporte empezó desde niña. Su padre, chofer del plantel masculino de Deportivo O’Higgins, la llevaba en brazos a la cancha y la hacía jugar en infantiles.

A los cinco años comenzó en Selección de Machalí, un club comunal de Rancagua, su ciudad natal. Allí pasaba sus horas, entrenando todo el día con sus compañeras y, cuando todas se iban, ella se quedaba jugando para el equipo de los varones, en el que era goleadora y capitana.

En un partido llegó a marcar 11 goles, y fue la máxima artillera nacional por dos temporadas

En 2012, a sus 12 años, logró subir a la Primera de Cobresal. “Por mi edad, al principio siempre estaba en el banco. Pero un día, mientras jugábamos contra un equipo del sur e íbamos perdiendo 4 a 1, se lesionó la delantera titular, por lo que ingresé y di vuelta el partido 5 a 4. A partir de ahí no me sacaron más”, recuerda Pavez.

A pesar del miedo que le daba jugar con mujeres mayores que ella, se las arreglaba para ser siempre la goleadora. En un partido llegó a marcar 11 goles, y fue artillera nacional por dos temporadas. Todo lo hacía parecer fácil y ya era una de las grandes promesas del fútbol femenino de su país.

Para seguir con su crecimiento, en enero de este año fichó para Universidad de Concepción (UdeC). Le hicieron un partido especial frente a la selección sub-20 como bienvenida, y, sin importarle demasiado el rival, convirtió 3 de los 4 tantos que le dieron la victoria a su nuevo equipo.

Así, en pocos meses, el club llegó al tercer puesto del campeonato gracias a sus 13 goles anotados en 10 fechas. Cuando parecía que la UdeC se encaminaba a pelear el título en los playoffs, apareció la oferta desde Argentina y todo cambió.

“Mis conocidos, que viven en el centro de Chile, están bien, pero les sorprende cómo policías y militares matan, secuestran y violan  personas. aunque lo bueno es que esta generación despertó”

Actualmente sigue teniendo contacto con sus compañeras de la UdeC, quienes le piden que vuelva y le cuentan la delicada situación social que enfrenta Chile. “Están tristes porque para los partidos de los fines de semana entrenan todos los días y luego se terminan suspendiendo”, dice. Su familia, que vive en la zona costera de Navidad, también le informa lo que sucede. “Mis conocidos están en el centro de Chile, en donde se vive muy fuerte el proceso. Ellos, dentro de todo, están bien, pero les sorprende ver como policías y militares matan, secuestran y violan a personas, aunque lo bueno es que esta generación despertó y se ha unido”, reflexiona.

Pavez encuentra su libertad y despeja su mente dentro de la cancha. Su sueño es llegar al Barcelona, también quiere tener su lugar en la selección mayor, pues en el pasado participó de la sub-17 y ahora fue citada para la sub-20. Si piensa en su futuro, se imagina viajando por el mundo siempre de la mano del fútbol y sus goles.

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